Domingo, 24 de Septiembre de 2017 -

Entre fe y danzas, Festival del Manito Ocueño resalta matrimonio campesino

16 Ago 2017

Desde este jueves 17 hasta el domingo 20 de agosto, el distrito de Ocú, en la provincia de Herrera, celebra el Festival Nacional del Manito, promovido por la Autoridad de Turismo de Panamá, con diversos eventos folclóricos que buscan conservar y fortalecer las danzas, los bailes y tradiciones de los “manitos ocueños”.

El matrimonio campesino, como la mayor expresión de amor y fervor cristiano de una pareja ocueña, es la más representativa muestra de tradición que se resalta en este importante festival, ante la mirada de cientos de feligreses.

Con el pasar de los años, esta actividad concentra mayor cantidad de personas de todas partes del país, incluyendo extranjeros que buscan estas fechas para visitar el poblado, promoviendo la ocupación hotelera de ciudades vecinas, que por estas fechas está en su máxima capacidad.

Zoila de Castillero, maestra y folclorista, explica que todos los años reciben solicitudes de parejas de casi todos los poblados del distrito y que mediante un sorteo escogen a la pareja ganadora.  El único requisito es estar casados o en convivencia y ser ambos de Ocú o alguno de sus corregimientos.

“Entre mejoranas, cantos de décimas, bailes y danzas autóctonas, la pareja de recién casados recorre el pueblo, montada en un caballo blanco y bajo un paraguas negro, rumbo a festejar con sus seres queridos esta nueva unión por Dios y San Sebastián” relata la educadora.

Este año, de siete parejas aspirantes, los afortunados son Justina y Felicito Higuera, quienes tienen cuatro años de casados por la vía civil y esperan ansiosos la ceremonia campesina el Sábado 19 a las 10:00 de la mañana, en la Iglesia San Sebastián de Ocú.

Justina, quien además de cantar tamboritos y ser una excelente danzante es trabajadora social del MIDES en Herrera, manifestó que la seguridad que tienen como pareja, el respeto y el deseo de que Dios bendiga su unión, hizo que fueran escogidos mediante sorteo como la pareja que vivirá esta inolvidable experiencia.

Como es costumbre, la novia vestirá una tradicional pollera montuna color blanco, con poco maquillaje y peinetones a los lados adornados con capullitos blancos, entrelazados con cintas del mismo color como símbolo de pureza y virginidad.  Mientras que su prometido lucirá una camisilla estilo guayabera blanca, pantalón negro, cutarras y su sombrero blanco ocueño, típico de esta región.

En un acto abierto en la tarima principal de la Feria de San Sebastián, ante familiares, amigos y todo el poblado, los esposos celebrarán con un brindis con sancocho y arroz blanco en totumas, dulce de leche, bollo, lechona y la tradicional chicha de maíz o chicha de junta en calabazos.

Tradición por generaciones

Los manitos ocueños son hombres y mujeres de características muy definidas, no solo en su exterior, sino también en sus manifestaciones sentimentales.  Es común escuchar la acoplada saloma del campesino, que con su machete al hombro y degastadas cutarras emprende su recorrido hacia al campo a trabajar la tierra.

Mientras en una humilde vivienda, el olor a tortilla y café caliente recién bajados del fogón, entre pisadas de caballos y el cacareo de las gallinas al amanecer, hace cuarenta años, Aristides Aparicio y su esposa Dominga, vivieron esta experiencia el 4 de septiembre de 1977.

Dominga recuerda que era común levantarse muy temprano y buscar huevos frescos para el desayuno de los niños, así como recoger los nances de la época en una batea (recipiente para limpiar el arroz luego de pilarlo).

“No teníamos agua potable, utilizábamos pozo brocal y los niños eran muy colaboradores, a todos les poníamos tareas y nos ayudaban sin “refunfuñar”, explicó la orgullosa abuela de siete niños y dos biznietos.

Tide, como cariñosamente le dicen, comentó que se ganaba la vida ordeñando vacas desde muy temprano y consumían lo que sembraban; de esta manera criaron a sus tres hijos, hoy día profesionales y excelentes personas.

Recrear estas faenas rememorando la forma de vida de una población costumbrista aferrada a formas de trabajar, gozar y sufrir los sinsabores del acontecer diario, es el verdadero motivo que impulsó a un grupo de educadores ocueños a realizar este festival.

Algunas de las representaciones que los poblanos realizan durante el tradicional desfile el último día del festival, son el Duelo del Tamarindo, las Juntas de Embarra, la Carga del Rancho para la nueva vivienda y el traslado de enfermos en hamaca.

Todas estas postales se reviven en la mente de los visitantes de este evento único en Panamá, fortaleciendo la identidad del hombre y mujer del campo, donde muchos años atrás el transporte no llegaba y las noches eran muy largas por falta de servicio eléctrico, pero nunca faltó la mano franca del manito como muestra de hermandad y solidaridad entre campesinos.  

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